La red social es
un concepto muchísimo más antiguo que Facebook o Twitter. El concepto de red
social fue definido inicialmente por la antropología (Barnes, 1954) como:
Conjunto de
personas que se relacionan con un individuo,
que forman
vínculos sociales
utilizan espacio y
tiempo conjuntamente,
se gustan o se
disgustan,
y se prestan
ayudas recíprocas (yo te doy y tú me das)
Desde la Reforma Psiquiátrica
la intervención familiar se ha convertido en una de las claves la
rehabilitación psicosocial de las personas afectadas por esquizofrenia y otros
trastornos mentales graves. Más del 80% de estas personas viven con sus
familiares y, en muchas ocasiones, son prácticamente todo el apoyo y red que
tienen.
Estos conceptos, que culpabilizaban directamente a
las familias de la etiología de la enfermedad, perdieron protagonismo con la
publicación de la teoría de la vulnerabilidad y la diversidad de factores que influían
en la aparición de la esquizofrenia. Todos esos conceptos fueron perjudiciales
para la familia y también a la corriente sistémica, ya que tenía errores de
fondo como explica Mateo Selvini: “quela patología individual de uno o de los
dos padres es causa de la patología del hijo, es un modelo lineal que ha sido
desmentido por la práctica clínica”
Estoy notando que existen muchas fuerzas en la sociedad - y un buen pulso de ello son las redes sociales - para que todos nos convirtamos en emprendedores. El modelo de trabajo que todos conocíamos, nos dicen, va a cambiar. Quien no emprenda por su cuenta no tendrá sitio el mercado. Que esta crisis económica, que parece que no va a acabar nunca, va a crear un tipo de profesionales que no se vincularán a una empresa, sino que nosotros seremos "nuestra" empresa. Que hay que crear una marca personal. Que demostremos lo que sabemos en un blog, que demostremos que somos expertos en Linkedin... ¡Ufff!
El viernes estuve en el curso de Cognición Social organizado por la AARP, no pude acudir el sábado, pero, al menos me sirvió para tener una pequeña introducción sobre el tema. Impartido de forma excelente por Guillermo Lahera, Psiquiatra y miembro de la Universidad de Alcalá de Henares, nos introdujo en el tema y desarrolló el programa de intervención en cognción social, SCIT, de David L. Penn.
Todos sabemos que la esquizofrenia pueden producir en las personas que las sufren, déficits cognitivos en la atención, la memoria, la planificación y la ejecución. Las investigaciones recientes incluyen también como posible síntoma, déficits en la cognición social. La cognición social la podríamos definir como la forma que tenemos los seres humanos para comprender la informaciones procedentes de las relaciones sociales, algo fundamental para tener éxito en nuestra interacción social. Es decir, con déficit en cognición social, nuestros roles sociales serán escasos, tendremos una red social baja y que, conllevará, al aislamiento social.
Uno de los objetivos
de este blog es que la información sobre la esquizofrenia u otros TMG llegue al
mayor número de familiares afectados. Por ello, creamos una categoría en el
blog llamado Intervención Familiar en Salud Mental.
Recientemente, acudió un grupo de estudiantes deTrabajo Social que estaban realizando un trabajo sobre el rol del trabajador
social en salud mental o, más en concreto en mi caso, en un centro de rehabilitación psicosocial para personas con Trastorno Mental Grave. Es algo
que suele pasar a menudo y he pensado que podría hacer un post para que sirva
de introducción a los estudiantes que vengan en un futuro o para cualquier
persona que tenga curiosidad en el tema.
Para comenzar, podéis leer aquí “El
trabajo Social en Salud Mental”, para tener una aproximación mucho más
científica sobre el tema. De este texto,
me gustaría destacar que el Trabajador Social Clínico busca el cambio a
través de:
La relación interpersonal
Cambiando su situación social
Cambios en la relaciones con sus personas significativas vitales