Acabamos ya esta serie veraniega sobre
Trainspotting. Y lo hacemos, como no, con el tratamiento. Muchas veces se dice
que hay que tocar fondo para hacer un cambio. Y eso es precisamente lo que le
ocurre a nuestro protagonista. En el post anterior, dejábamos a Mark Renton, en
medio de una sobredosis mientras sonaba “Perfect Day” de Lou Reed. Y es,
precisamente este momento que ve la muerte de cerca, lo que lleva a Mark Renton,
mejor dicho a su familia, a comenzar un tratamiento para desengancharse de la
heroína.
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No era la primera vez que lo intentaba, la
historia es un constante intento de salir de este mundo VS justificarse para
seguir dentro. La primera, es al principio, por él mismo: “Diez
latas de sopa de tomate Heinz, ocho latas de crema de champiñones (todas para
consumir frías), un gran bote de helado de vainilla (que dejaré derretir para
bebérmelo), dos botellas de laxante, un frasco de paracetamol, un paquete de pastillas
Rinstead para la boca, un frasco de multivitaminas, cinco litros de agua mineral,
doce bebidas isotónicas Lucozade y algunas revistas: porno blando, Viz, Scottish Football Today, The Punter, etc. El artículo más importante ya me lo procuré
durante una visita al hogar familiar; la botella de Valium de mi madre, sustraída
del armario del cuarto de baño. No me hace sentir mal. Ahora nunca los usa, y
si los necesitara, su edad y su sexo dictarían que el memo de su médico se los
recete como si fueran gominolas. Tacho amorosamente todos los artículos de mi
lista. Va a ser una semana dura (P. 15).